Existen dos tipos de crisis: la que se puede controlar y
la que no se puede controlar.
La crisis que se puede controlar es, digamos “personal” y
en ocasiones “otros” nos predisponen a padecerlas, por ejemplo, la adolescencia
en si es vista como una crisis, también está la crisis de los cuarenta o
mediana edad (30 – 40 años), inclusive los 25 años ya que según algunos es
hasta esta edad que se considera a una persona “adulto joven” también puedo nombrar
la crisis de identidad, estudio, matrimonial, entre otras, puedo escribir 3
páginas de esto, pero ¿Por qué digo que se puede controlar? Pues fácil, porque
son concepciones que se han venido arrastrando generaciones tras generaciones y
como dicen que es una “crisis” pues con el nombre de “crisis” se quedo. A mi
por ejemplo esa palabra me da mucho miedo, porque me imagino de una vez el peor
de los casos y es muy malo que una persona antes de convertirse en adolescente escuche
que la adolescencia es una crisis, porque como ya dije nos predispone, en este
caso a ser mas rebeldes, grosero etc.
Todos hemos sido adolescentes, sólo que a algunos se les ha
olvidado, así como también se les ha olvido que han sido niños. Una vez cuando
trabajaba en la librería una señora me pidió un libro para entender
adolescentes, no había dicho libro, pero si le dije: “usted paso por ahí, sólo
tiene que recordar” ella se rió y me dijo “no es lo mismo”… Claro está, ciertas
cosas pueden variar, la tecnología es una de las que pueden influir, pero hay
un común denominador, la incertidumbre, no saber quiénes somos, que queremos o
a donde vamos, lo único importante en ese momento como adolescente es,
disfrutar sin importar que. Así es, algo tan simple no merece ser visto como
crisis.
La crisis que se puede controlar, la crisis
personal, también puede ser vista en
ciertas ocasiones como “miedo”. Cuando yo iba a cumplir 18 años tenía miedo,
claro, dos meses después me iba a graduar de bachiller y para mi ese hecho significaba ser adulta,
creía en mi interior que mis padres se separarían de mi y que yo no tendría
derecho a ciertos privilegios, además no comenzaría la universidad
inmediatamente y eso había echado a la basura mis planes. Tenía los nervios de
puntas y las emociones alteradas, cualquiera que me veía o hablaba conmigo diría
que yo estaba pasando por una “crisis”, pero no, en el fondo lo que tenía miedo, claro, lo comprendí después, cuando dejé que mis pensamientos se
aclararan y fue precisamente con la ayuda de mi familia que logré ver mejor el
camino.
También conozco a una chica de 25 años que no quiere
saber nada de trabajos formales, a cada trabajo que va le encuentra una excusa
para salirse, no quiere dejar de vestirse como adolescente, ni dejar hacer
varias cosas que a ella le gustan como por ejemplo, estar en la plaza o rumbear,
simplemente porque no quiere ser considerada
una “adulta” y yo creo que es el mismo miedo que yo tenía cuando iba a
cumplir 18 años, pero es que de verdad, esa sensación de que “ya eres grande”
es terrible, si no logramos cambiar de perspectiva.
La crisis que no se pueden controlar podrían ser las externas
“crisis económicas “crisis ambientales” “crisis de seguridad” entre muchas
otras. Estas si merecen en cierto punto el nombre “CRISIS” así en mayúscula; digo que no se pueden controlar porque, yo
sentada desde la computadora de mi casa muy poco puedo hacer para cambiar la
terrible economía de mi país Venezuela, por ejemplo, pero si puedo trabajar para
a que su impacto en mí y en mi familia se minimice. Hace varios meses mi situación
era distinta, pero al notar que la economía nacional y los problemas públicos empeoraban
cada vez más y más, de una manera veloz, decidí mentalizarme y hablar con mi
familia, no nos podemos quedar de brazos cruzados, pero tampoco podemos salir a
la calle a cometer cualquier locura, -aunque en estos momentos cualquiera se sale
de sus casillas-. La respuesta fue relajarnos (no resignarnos) y pensar que
mañana tendremos un gran día puede funcionar (a nosotros nos funciona) y
siempre pensamos que pudo ser peor, esto último lo aplicamos desde hace años,
de alguna manera me ayuda a ser un poco más optimista, me hace sentir con
suerte.
En si yo creo que lo que he expuesto varía dependiendo de
la mentalidad y forma de ser de cada persona, pero como una chama recién salida
de la adolescencia que vive en un país para locos, les digo que no hay nada
mejor para salir de los malos momentos como aislarse por unos minutos o el
tiempo que se necesite, conversar, escuchar y luego tratar de relajarse un
poco, no es para tanto.
¡RESPIRA!

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