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miércoles, 6 de abril de 2016

La crisis

Existen dos tipos de crisis: la que se puede controlar y la que no se puede controlar.

La crisis que se puede controlar es, digamos “personal” y en ocasiones “otros” nos predisponen a padecerlas, por ejemplo, la adolescencia en si es vista como una crisis, también está la crisis de los cuarenta o mediana edad (30 – 40 años), inclusive los 25 años ya que según algunos es hasta esta edad que se considera a una persona “adulto joven” también puedo nombrar la crisis de identidad, estudio, matrimonial, entre otras, puedo escribir 3 páginas de esto, pero ¿Por qué digo que se puede controlar? Pues fácil, porque son concepciones que se han venido arrastrando generaciones tras generaciones y como dicen que es una “crisis” pues con el nombre de “crisis” se quedo. A mi por ejemplo esa palabra me da mucho miedo, porque me imagino de una vez el peor de los casos y es muy malo que una persona antes de convertirse en adolescente escuche que la adolescencia es una crisis, porque como ya dije nos predispone, en este caso a ser mas rebeldes, grosero etc.

Todos hemos sido adolescentes, sólo que a algunos se les ha olvidado, así como también se les ha olvido que han sido niños. Una vez cuando trabajaba en la librería una señora me pidió un libro para entender adolescentes, no había dicho libro, pero si le dije: “usted paso por ahí, sólo tiene que recordar” ella se rió y me dijo “no es lo mismo”… Claro está, ciertas cosas pueden variar, la tecnología es una de las que pueden influir, pero hay un común denominador, la incertidumbre, no saber quiénes somos, que queremos o a donde vamos, lo único importante en ese momento como adolescente es, disfrutar sin importar que. Así es, algo tan simple no merece ser visto como crisis.

La crisis que se puede controlar, la crisis personal,  también puede ser vista en ciertas ocasiones  como “miedo”.  Cuando yo iba a cumplir 18 años tenía miedo, claro, dos meses después me iba a graduar de bachiller  y para mi ese hecho significaba ser adulta, creía en mi interior que mis padres se separarían de mi y que yo no tendría derecho a ciertos privilegios, además no comenzaría la universidad inmediatamente y eso había echado a la basura mis planes. Tenía los nervios de puntas y las emociones alteradas, cualquiera que me veía o hablaba conmigo diría que yo estaba pasando por una “crisis”, pero no, en el fondo lo que tenía miedo, claro, lo comprendí después, cuando dejé que mis pensamientos se aclararan y fue precisamente con la ayuda de mi familia que logré ver mejor el camino.

También conozco a una chica de 25 años que no quiere saber nada de trabajos formales, a cada trabajo que va le encuentra una excusa para salirse, no quiere dejar de vestirse como adolescente, ni dejar hacer varias cosas que a ella le gustan como por ejemplo, estar en la plaza o rumbear, simplemente porque no quiere ser considerada  una “adulta” y yo creo que es el mismo miedo que yo tenía cuando iba a cumplir 18 años, pero es que de verdad, esa sensación de que “ya eres grande” es terrible, si no logramos cambiar de perspectiva.

La crisis que no se pueden controlar podrían ser las externas “crisis económicas “crisis ambientales” “crisis de seguridad” entre muchas otras. Estas si merecen en cierto punto el nombre “CRISIS” así en mayúscula;  digo que no se pueden controlar porque, yo sentada desde la computadora de mi casa muy poco puedo hacer para cambiar la terrible economía de mi país Venezuela, por ejemplo, pero si puedo trabajar para a que su impacto en mí y en mi familia se minimice. Hace varios meses mi situación era distinta, pero al notar que la economía nacional y los problemas públicos empeoraban cada vez más y más, de una manera veloz, decidí mentalizarme y hablar con mi familia, no nos podemos quedar de brazos cruzados, pero tampoco podemos salir a la calle a cometer cualquier locura, -aunque en estos momentos cualquiera se sale de sus casillas-. La respuesta fue relajarnos (no resignarnos) y pensar que mañana tendremos un gran día puede funcionar (a nosotros nos funciona) y siempre pensamos que pudo ser peor, esto último lo aplicamos desde hace años, de alguna manera me ayuda a ser un poco más optimista, me hace sentir con suerte.

En si yo creo que lo que he expuesto varía dependiendo de la mentalidad y forma de ser de cada persona, pero como una chama recién salida de la adolescencia que vive en un país para locos, les digo que no hay nada mejor para salir de los malos momentos como aislarse por unos minutos o el tiempo que se necesite, conversar, escuchar y luego tratar de relajarse un poco, no es para tanto.
¡RESPIRA!

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