Un
nuevo colegio, un nuevo comienzo, no es fácil, todo lo contrario, es lo más difícil
que me pude haber imaginado, pese a que sabía que tarde o temprano me tocaría
estar en ese punto, conforme se acercaban los días aquella realidad que veía tan
lejana la empezaba a tener más cerca, encontrar
colegio fue un calvario, luche lo que más pude para quedar en el mismo colegio
con mi mejor amiga pero fue imposible, las posibilidades se abrieron en otro donde
estudiarían muchos con los que yo había estudiado, pero ese colegio era muy
pequeño, no me gustaba… Entonces por medio de una vecina conseguí el cupo en
este, uno de los más grandes y costosos de la zona, me sentía muy feliz antes
de comenzar ahí, pero eso fue ANTES…
Recuerdo
que la noche anterior hable con una amiga que también comenzaría en ese colegio
para llegar juntas y no sentirme tan sola, no sabía ni siquiera en que sección estaría,
sólo le rezaba a Dios para quedar con ella y otros 3 compañeros que también estarían
en ese colegio, pero era casi imposible ya que ese colegio tiene 4 secciones. El
primer día me arregle el cabello con mis rulos naturales y me puse mi uniforme
de educación física, al llegar me sudo todo el cuerpo y sólo tenía ganas de
salir corriendo, aquellas personas eran tan diferentes a mis compañeros, sólo quería
que las horas pasaran rápido.
Comenzaron
a nombrar quienes irían a cada sección y por mi suerte, no quede con mis
compañeros, pero todos ellos si quedaron en la misma sección… Así que, yo sola
me enfrente a ese nuevo mundo en el que estaría durante dos años. Puedo decir
que estar sola, en un salón donde todos se conocen cuando eres una persona tímida
no es divertido, que te paren a decir tus datos en voz alta cuando sabes que
todos te están observando con lupa y midiendo cada error que puedas tener
tampoco es divertido, en mi salón también había otra chica nueva pero ella era
muy bonita a diferencia de mi, así que la comenzaron a buscar desde el inicio.
Durante
varias semanas sólo esperaba que llegara el recreo para estar con mi amiga, en
el salón siempre estaba silenciosa, hacia mis cosas y ya, porque no contaba con
nadie, cada día todo empeoraba, recuerdo un día estar sentada en la primera fila
justo en el centro del salón cuando unos chicos que estaban por detrás comenzaban
a susurrar:
*Qué
fea*
*Qué
horrible*
*Mírala
es feíta*
*Ese
cabello es horrible*
En
realidad era uno, los otros sólo reían en voz baja, yo justo pensaba “esto era lo
que me faltaba".
No
lloré, ni los miré, ni les dije nada, pero cuando llegue a mi casa comencé a
llorar sobre mi almohada.
Otro
día entre al salón de mi amiga y cuando salí los muchachos de allí me comenzaron
a decir en todo sarcástico
*Niña
que linda eres*
Afortunadamente,
soy experta manejando esas situaciones, no les di importancia, caminaba como si
nada y ellos poco a poco se fueron aburriendo de molestarme.
No
pasaba día en que no extrañara mi antiguo colegio, mis amigos y maestros. En mi
nuevo colegio sentía que no encajaba, esas personas eran muy superficiales,
groseras, de cierto modo creo que toqué tierra y descubrí otra realidad de la
cual era ajena.
En
las tardes llamaba a mi mejor amiga y llorábamos siempre, pese a que conforme transcurrían
las semanas y meses conocía a algunas personas que me hacían los días más
sencillos y un poco divertidos, nada le quitaba lo oscuro que estaban siendo
los últimos dos años de estudios para mí, me arrepentí eternamente de no haber
elegido aquel colegio pequeño, mis compañeros estaban felices allá y mi mama
estuvo un buen tiempo insistiéndome a que lo escogiera, pero yo soy terca y quería
estar en un colegio de clase, aunque entendí que era todo lo contrario.
Con
una felicidad amarga terminé mi bachillerato, no lo recuerdo ni bien ni mal,
sólo OK, tengo 6 maravillosas amigas que me acompañan hoy y mas allá del hecho de que nunca me acostumbré, puedo decir que
estudie en un colegio inmenso que tenía piscina y dos canchas de fútbol jajajaja.

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